31 dic 2009

A Marta

Te decían Highlander

y vos te reías

la verdad parecía que

no te ibas a morir más

Pero el destino tiene vueltas

que suelen sorprendernos

y mirá si nos sorprendió

cuando te llevó más allá

Nos dejó boquiabiertos

con los ojos cerrados

nos dejó esperando

que vuelvas a despertar

Nos dejó con lágrimas

atragantadas en el pecho

Nos dejó con palabras

que nunca saldrán

nos dejó los sueños

dormidos en la almohada

nos dejó los libros

que nos teníamos que prestar

nos dejó un cigarro

que no fumamos juntos

nos dejó golpeados

por aquí y por allá

Pero no todas son pálidas

no todo es para llorar

porque aunque a vos te llevaron

mucho mucho más allá

Más acá nos quedaron

entre un par de recuerdos

algunos cuentos viejos

que supiste renovar

una que otra historia repetida

algunas sonrisas amplias

un par de retos inocentes

apercibimientos

que no ponías jamás

alguna nota en un examen

una foto en el placard

y a mi especialmente tu

"nacusse, mire para acá"

Quisiera mirarte Marta

vos ya no estás

pero todavía puedo escucharte

y sentirte cerca de mí

todavía podés dictarme

las respuestas que no miro

Entonces no te fuiste

Porque todavía te siento

No te fuiste

porque todavía te pienso

No te fuiste

porque todavía te escucho

No te fuiste

Porque te extrañamos

y mientras lo hagamos

No te irás

por eso cuando pienso

que ya no puedo preguntarte

que poner en este verso

cierro los ojos y escucho

“nacusse, mire para acá”

-

Sea tu voluntad

callar tu voz;

no lo sea,

callar los ecos.

Desde tus ojos que construían la esperanza,

con la templanza de quien vive un sueño

mandásteme ángeles en veleros pequeños;

en rocines, hidalgos; en asnos, Panzas.

Seas de Dios,

si es que puedes serlo.

Sea mío y de aquel

tu recuerdo.

Si el invierno egoísta dejó tu cuerpo abrasado.

Si la luna nueva se cansó de salir.

Si el tiempo tirano te secó los pasos

no te agotes, Marta, de partir.

Así,

podré escucharte junto al viento celeste

enseñándome a soñar.

Aún recuerdo el sórdido ruido rupestre

de cuando te lloré en soledad.

Sean los pretextos

y los telegramas sin firmar

y las luces en la niebla

los enemigos que aprendí a odiar.

Como una melodía gris de tormenta

que asciende levemente hacia el alma

pude sentirte, subiendo por los peldaños de la noche violenta,

un mediodía de profunda calma.

Sea tu voluntad, entonces,

no callar jamás; y si así no fuese

sea nuestra voluntad, entonces,

no dejar de oírte.


Autores= Ignacio Nacusse y Ezequiel Nacusse

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