Te decían Highlander
y vos te reías
la verdad parecía que
no te ibas a morir más
Pero el destino tiene vueltas
que suelen sorprendernos
y mirá si nos sorprendió
cuando te llevó más allá
Nos dejó boquiabiertos
con los ojos cerrados
nos dejó esperando
que vuelvas a despertar
Nos dejó con lágrimas
atragantadas en el pecho
Nos dejó con palabras
que nunca saldrán
nos dejó los sueños
dormidos en la almohada
nos dejó los libros
que nos teníamos que prestar
nos dejó un cigarro
que no fumamos juntos
nos dejó golpeados
por aquí y por allá
Pero no todas son pálidas
no todo es para llorar
porque aunque a vos te llevaron
mucho mucho más allá
Más acá nos quedaron
entre un par de recuerdos
algunos cuentos viejos
que supiste renovar
una que otra historia repetida
algunas sonrisas amplias
un par de retos inocentes
apercibimientos
que no ponías jamás
alguna nota en un examen
una foto en el placard
y a mi especialmente tu
"nacusse, mire para acá"
Quisiera mirarte Marta
vos ya no estás
pero todavía puedo escucharte
y sentirte cerca de mí
todavía podés dictarme
las respuestas que no miro
Entonces no te fuiste
Porque todavía te siento
No te fuiste
porque todavía te pienso
No te fuiste
porque todavía te escucho
No te fuiste
Porque te extrañamos
y mientras lo hagamos
No te irás
por eso cuando pienso
que ya no puedo preguntarte
que poner en este verso
cierro los ojos y escucho
“nacusse, mire para acá”
-
Sea tu voluntad
callar tu voz;
no lo sea,
callar los ecos.
Desde tus ojos que construían la esperanza,
con la templanza de quien vive un sueño
mandásteme ángeles en veleros pequeños;
en rocines, hidalgos; en asnos, Panzas.
Seas de Dios,
si es que puedes serlo.
Sea mío y de aquel
tu recuerdo.
Si el invierno egoísta dejó tu cuerpo abrasado.
Si la luna nueva se cansó de salir.
Si el tiempo tirano te secó los pasos
no te agotes, Marta, de partir.
Así,
podré escucharte junto al viento celeste
enseñándome a soñar.
Aún recuerdo el sórdido ruido rupestre
de cuando te lloré en soledad.
Sean los pretextos
y los telegramas sin firmar
y las luces en la niebla
los enemigos que aprendí a odiar.
Como una melodía gris de tormenta
que asciende levemente hacia el alma
pude sentirte, subiendo por los peldaños de la noche violenta,
un mediodía de profunda calma.
Sea tu voluntad, entonces,
no callar jamás; y si así no fuese
sea nuestra voluntad, entonces,
no dejar de oírte.
Autores= Ignacio Nacusse y Ezequiel Nacusse
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